Laureada poeta Carmen Berenguer: “En Chile les molesta que una mujer gane un premio”

La acreedora del Premio Iberoamericano Pablo Neruda 2008 y candidata al Premio Nacional de Literatura 2016, protagoniza la edición de julio del ciclo Grandes Chilenas del programa Mujeres, conducido por la periodista Gabriela Martínez.

La poeta, cronista y artista visual, apunta no sólo contra el machismo enquistado en la sociedad chilena, sino también pone el acento en la actual censura que ha sufrido su obra en distintos medios de comunicación. “Siempre he escrito pensando que nunca me iba a ganar un premio”, señala en parte del espacio de  Radio U. de  Santiago, que Ud. puede escuchar en el PODCAST.

Por Marco Espinoza

“Me lo merezco”. Fue la frase rotunda pronunciada por Carmen Berenguer al recibir el Premio Iberoamericano de Poesía “Pablo Neruda” 2008, la más alta distinción que el Estado de Chile otorga a un poeta de iberoamérica. Fueron palabras llenas de su acostumbrada ironía y que generan molestia en sus críticos de siempre.

“Muchos pensaron que lo decía de verdad en este país de mojigatos, donde nadie puede reconocer nada. Por ganar este premio mis pares escritores me maltrataron. A los chilenos no les gusta que alguien se gane un premio, y más si es una mujer. Es parte de la gran esclavitud que impera; la mujer siempre puesta en un rol secundario. Pero yo aprendí las tretas del débil”, señala Carmen en parte de la entrevista in profundis que concedió a la periodista Gabriela Martínez, en el marco del ciclo Grandes Chilenas del programa Mujeres.

La entrevista tiene lugar en el living de su departamento con vista a Plaza Italia. Allí están sus libros, las obras visuales que le traen recuerdos y la compañía inseparable de su perro Obama. Cercana, amable y de risa fácil, sus palabras son categóricas para hablar de la resistencia que aún siguen generando sus versos en nuestro país. “En el premio Neruda, me tocó la buena suerte de tener un jurado que sabía leer mi obra, entre ellos, estaba Carlos Monsiváis. Y es que tengo conciencia que no escribo como señorita”, reflexiona.

Su obra, de carácter urbano y de lenguaje crudo, comienza en 1983, con el poemario dedicado al poeta irlandés Bobby Sands, quien muere de inanición en la cárcel.“Hechos como esos son acicates. Yo escribo así, con pasión. No voy a escribir de las flores. Para mí era fundamental dar una vuelta de tuerca a las cosas”, plantea Carmen en el espacio de Radio Universidad de Santiago.

Respecto a su obra, cargada de mucha visualidad y sucesión de imágenes, la autora pone de ejemplo el poema “Santiago punk”, calificado por Nicanor Parra como “una obra de antología”. “He leído mucho y me aburrían los preámbulos. Por eso escribo con la concatenación de imágenes rápidas, eso para mí es vital La contemplación no se me da mucho”, sentencia.

“Sentí el estigma de ser huacha”

Durante la conversación, Carmen aborda aspectos de su biografía, que nunca toca en los medios de comunicación. Por ejemplo, las carencias que cruzaron toda su infancia y que, a la postre, se van a  transformar en alicientes para su futura obra poética.

Loa avatares económicos provocaron que su madre y su tía abuela Elvira la lleven consigo en un incesante peregrinar por gran parte de Santiago. Por años arriendan piezas en viejas pensiones, que se convierten en verdadera escuela de vida e incentivo para la autoformación de la poeta.

“Era la pobreza encubierta, que en parte ha retratado en su obra Nicomedes Guzmán. Yo era sola, no tenía hermanos y mi familia era la gente que llegaba a la pensión”, recuerda la autora, quien como pocas veces ha revelado, sufre la condena de la conservadora sociedad chilena de los años 50.

“Estaba el estigma de la huacha. Lo paradojal de esto, era que comencé a verme a mí misma verme con mucho humor, así trataba de no sentir que era algo tan fuerte”, señala a Mujeres y añade que ser testigo de aquella época, tan discriminadora con las madres solteras o separadas, le hizo “agudizar el ojo crítico” respecto de las injusticias.

Esa fue su historia hasta la adolescencia, cuando su madre logra arrendar una casa. Pero el modo de vida de los cités y las pensiones en los años cincuenta, quedan para siempre en ella. “Esos años me enseñaron a tener dignidad conmigo misma. Y también ética, cosas que se han perdido”.

“Pensé que era el fin de mis días”

En 2013, Carmen Berenguer inicia el agresivo tratamiento contra uno de los dos cánceres agresivos que han querido arrebatarle la vida. Según confidencia a “Mujeres”, tenía asumida la proximidad de la muerte, sin ningún atisbo de la victoria que tendría por sobre este mal que aparece silencioso y sólo se manifiesta cuando cuando resta poco o nada, por hacer.

En aquellos meses, y en medio de la quimioterapia, se lanza a escribir los versos de su libro “Memorias Pulgares” (Libros de Mentira, 2012), a modo de tributo a  su madre; también graba el video “Pelambres”.

“En ese momento, lo hacía todo con mucha frialdad, no había la menor emoción, estaba en otra habla. Me parecía importante dejar un testimonio”, plantea Carmen Berenguer, en la entrevista que Ud. puede escuchar completa en el PODCAST.

 

 

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